viernes, 6 de mayo de 2016

¿Por qué la taxonomía biológica es un bien público esencial?

Yo no soy taxónoma. Trabajo con etnobotánica (los usos tradicionales de plantas) y con malezas (las plantas que crecen en los paisajes transformados por humanos). Pero yo, como miles (a nivel mundial millones) de otros biólogos, ecólogos, agrónomos, horticultores, arqueólogos, farmacólogos, forestales, médicos, peritos forenses, y muchos aficionados, tengo que identificar plantas. Es decir, saber el nombre científico con el que se conoce en todo el mundo.

¿Qué es todo esto?

Con esto dependo de los trabajos de los taxónomos: las monografías y floras, o sea, el resultado de su esfuerzo para ordenar la diversidad biológica, distinguir los grupos que se forman naturalmente, traducir lo que observan en textos e imágenes accesibles y comparables, y, finalmente, poner un nombre científico correcto. Es importante saber que los botánicos, zoólogos y microbiólogos se han puesto de acuerdo a nivel mundial sobre reglas para dar nombres, pero son complejas.

Estos nombres científicos son importantes. Son la llave que abre la puerta a toda la información biológica asociada a la planta. Si yo quiero saber algo sobre la planta que tengo enfrente (¿para qué sirve? ¿qué compuestos tiene? ¿es venenosa? ¿es rara o es común? ¿en qué sitios crece? ¿dónde hay más? ¿cómo lo cultivo? ¿crece lento o rápido? ¿cuáles son sus relaciones con otras plantas o animales?), necesito este nombre.



La naturaleza no hace fácil esta labor de distinguir las unidades. Hay “buenas” especies, las que se distinguen fácilmente. Pero, hay muchos seres vivos que nos hacen dudar. Los vemos, y nos preguntamos, esto es lo mismo, ¿o es otra cosa?

Ejemplos de similitudes y diferencias en el género Bidens, un grupo importante de plantas arvenses. Arriba a la izquierda: Bidens aurea, el "té de milpa"; son dos formas de color de la misma especie; a la derecha: dos formas de color de Bidens bigelovii. Abajo a la izquierda: Bidens serrulata a la izquierda, Bidens triplinervia a la derecha; abajo a la derecha: Bidens alba (una especie invasora importante de todo el trópico) y Bidens odorata (una especie importante en México, pero no mucho afuera del país).


El problema sólo se puede resolver si alguien dedica años y décadas de su vida a comparar las formas de los ejemplares de diferentes lugares, tanto en el herbario como en el campo, hace experimentos con ellos (por ejemplo, si se cruzan), estudia su química, ecología, anatomía y genética. Y luego, nos presenta un texto que nos dice qué encontró, cuáles son sus características, cómo se distinguen de otras plantas semejantes, y dónde se encuentran. A menudo añade otra información, por ejemplo sobre nombres comunes, usos, hábitats o ciclo de vida.

En México, muchos de los grupos de plantas más emblemáticas – encinos, cactus, magueyes, las plantas que dieron origen a nuestras especies domesticadas como maíz, frijol, algodón o cempoalxochitl (y también muchas de las llamadas malezas, que me interesan), son “difíciles” taxonómicamente. ¿Por qué? Porque estos grupos se encuentran en plena evolución, y aún no han desarrollado diferencias tan obvias como los grupos más antiguos.

Algunas personas piensan que pronto las máquinas nos van a poder decir que es qué. Que vamos a usar una cámara, o un pequeño aparato que nos analizará un pedazo de hoja, y nos dirá de qué se trata. Es posible que así sea, y qué bien. Pero todavía no estamos ni cerca de esta situación. Además, para muchos propósitos es necesario poder distinguir especies a simple vista, y para esto necesitamos saber las diferencias en las formas. Aún si así fuera, todavía vamos a necesitar a las personas que evalúan las evidencias, que toman decisiones sobre dónde poner los límites, y que sepan aplicar las reglas convenidas para ponerles el nombre correcto. Es decir ¡los taxónomos!














La taxonomía es, en mi opinión, el servicio más esencial que debe dar la biología académica a la sociedad. No se puede dejarlo a iniciativas privadas o aficionados (aunque hay algunos muy buenos), ya que se requiere un enfoque biológico y evolutivo, así como aliento a largo plazo; la experiencia es indispensable en este ramo. Y los beneficios son muy importantes, pero muy dispersos, lo cual lo convierte necesariamente en un bien público.

Si nos interesa conocer y conservar la extraordinaria diversidad biológica de nuestro planeta, tenemos una deuda muy importante a estas personas que dedican sus vidas a conocer íntimamente a un grupo de seres vivos. Ellas nos dan las herramientas. Descuidar la taxonomía en la biología es un poco como agarrar las piedras de los cimientos para construir el segundo piso de la casa. Quizás no se cae de inmediato, pero de que se cae, se cae.


5 comentarios:

  1. ¡gracias por esta ilustrativa nota, y gracias a los taxónomos!

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  2. Excelente Heike, como siempre.

    Felicidades por el magnífico blog.

    S

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  3. Excelente, soy economista y necesitado la taxonomía de las plantas.Afortunadamente he contado con la ayuda de estas valiosas personas. El artículo muy bueno

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